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Historia.
Rafael Fernández de Castro, el empleado de Trasatlántica que llegó a Cronista Oficial
Nuestro personaje, que dio paso como cronista a nombres como don Francisco Mir Berlanga y al actual titular, don Antonio Bravo Nieto, era un gallego que nació en La Coruña el 24 de febrero de 1.883.
Publicada en MeliYa el 3 de enero de 2012
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No es oficial, pero parece que don Rafael Fernández de Castro, resultó ser el segundo titular del Cronista Oficial de la Ciudad, tras el legado de Gabriel de Morales, caído en el Desastre de Anual, el mismo que contó para diferentes medios don Rafael. Quien fuera presidente de la Asociación de Estudios Melillenses (AEM) y Defensor del Patrimonio, don José Luis Blasco desempeña con autoridad la competencia de garante afectuoso de todo lo que Rafael hizo por estas tierras. La familia del cronista no ha encontrado a mejor custodio de la historia de Melilla de los albores del siglo XX; así lo decidieron el hijo del personaje, don Francisco Fernández de Castro y la nieta de don Rafael, doña María Jesús.
Nuestro personaje, que dio paso como cronista a nombres como don Francisco Mir Berlanga y al actual titular, don Antonio Bravo Nieto, era un gallego que nació en La Coruña el 24 de febrero de 1.883. Era hijo de un militar que ya conocía Melilla como comandante y teniente coronel tras haber pasado años en el destino caribeño de Cuba, lo propio de la época y, a pesar de llegar a esta tierra en calidad de funcionario de la Compañía Trasatlántica, pronto derivó en el periodismo y en la crónica. Y en la investigación de la historia. Fue, no en vano, el promotor de las excavaciones arqueológicas del Cerro de San Lorenzo, aquellas que demostraron el origen púnico de la ciudad, unas excavaciones selladas por el modernismo y las edificaciones.
Esta personalidad inquieta y eminentemente social le pedía contar cosas a la opinión pública y, así, comenzó a ejercer el periodismo en 1.907 cubriendo todos los avatares de las campañas de África. Desde el Kert hasta el desembarco de Alhucemas, Fernández de Castro envió sus crónicas a caballo o por cable a las agencias de noticias de la época: Fabra, Havas y Reuter. A nivel local, desde 1908, trabajó para El Telegrama del Rif que fundara don Cándido Lobera en 1.903 y hasta se atrevió a fundar ‘El Cronista’, periódico que sólo vio la luz a lo largo de tres años.
Pero la corresponsalía llegó a diarios como ‘El Imparcial’, ‘Informaciones’ y ‘La Luz’ de Madrid. Todo ello le supuso el nombramiento como Cronista Oficial de Melilla en 1.923. Su vida y obra se extinguieron el 6 de marzo de 1.952, dejando un legado documental –hoy en poder del señor Blasco, imprescindible para conocer la historia de la ciudad en las primeras cinco decenas del pasado siglo.
Don Juan Díez, también de la AEM, no duda en afirma que “su alma generosa hacía las víctimas de la Campaña de 1909, promoviendo en el año 1912 desde las columnas del diario ‘El Telegrama del Rif’ la construcción de un Cementerio junto al antiguo Campamento de la Segunda Caseta, para acoger las sepulturas que habían quedado sumergidas por las aguas de la Mar Chica desde agosto de 1910, al elevarse su nivel como consecuencia de la apertura de un canal de comunicación de esta laguna con el Mar Mediterráneo”.
No puede quedar, pues, en el olvido su persona y la extrapolación de su propia vida social a una ciudad necesitada de referentes de bondad, profesionalidad y altruismo. Don Rafael Fernández de Castro tiene su plaza junto a su querido San Lorenzo, el manantial histórico que sólo él descubrió.