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De cómo el jabalí sustenta una demostración gastronómica en la sede de Los Cabales

Los buenos fogones sellan una nueva jornada de camaradería en la entidad que dirige Juan Marcos Manjón

Publicada en MeliYa el 19 de junio de 2006

Salvador Ramírez

Los Cabales no paran. A finales de cualquier año hacen su programación de actividades de cara al año entrante y hay poco lugar a la sorpresa porque la directiva que preside Juan Marcos Manjón cumple el programa a rajatabla.

El pasado domingo tocaban pinchitos. Pero siempre hay una sorpresa ¿pinchos de qué?, pues nada más y nada menos que de jabalí, exquisitos, primorosos y mucho más en ese marco sin parangón que es la sede social en la Plaza de Toros.

Si bueno está un pinchito de ternera e incluso de cerdo o pollo, bien condimentados, claro está, la carne de jabalí es especialmente sabrosa. El guarro de los colmillos afilados vive en libertad, come justo lo que necesita y se corretea el monte varias veces al día.

O sea, ejercicio, alimentos naturales...fibra de la buena. El adobo lo pone tierno y el apetito lo ponemos nosotros, haciendo siempre gala de un generoso sacrificio por la causa que para eso estamos, oiga.

Como no sólo de pan -o pinchos de jabalí- vive el hombre y como, por otra parte, en Los Cabales no se entienden conceptos tales como el colesterol o los triglicéridos, hay que sumar al menú principal unas apetitosas chuletas como Dios manda, es decir, con su blanquillo correspondiente, morcillas, salchichas...vaya todo lo que espanta a los dietistas.

Pero hay más porque Candi de Guerrero elaboró una sólida ensalada de pastas y hortalizas al punto de vinagre que estaba -estuvo, ya se ha acabado, qué pena- para chuparse los dedos. Todo ello bien regado y no sólo por buenos caldos sino por el buen humor y la camaradería que irradia la familia cabal.

Aquí todo el mundo colabora pero hay un tradicional 'dramatis personae' que suele repetirse en cada acontecimiento culinario. Pedro Guerrero es el hombre de los fogones por antonomasia. Marisol Quevedo y Candi andan en la infraestructura, en la materia prima.

Rafael Aguilar echa una mano a Juan Marcos en la puesta en escena y, en general, directivos y socios se esmeran para que el encuentro gastronómico se salde como debe ser, con éxito de público y crítica.

Por cierto, otro Rafael Aguilar, hijo del mencionado anteriormente, tuvo el detalle de la mañana porque hizo entrega a Los Cabales del cartel que presentó al concurso de anunciadores de la Feria 2006.

No resultó premiado pero como Rafael, de casta le viene al galgo, es generoso y agradecido, dejó su obra para incremento del patrimonio artístico de la peña cabal. Festejos se lo ha perdido pero Los Cabales lo han ganado. Detalle a tener en cuenta.

Hay que resumir. Magnífica exposición y consumos de viandas propias del país, nueva demostración de hermandad y sintonía en Los Cabales y demostración palpable de un hecho incuestionable: cuando la amistad y la imaginación van de la mano, el ocio en tiempo libre está asegurado. Allí, en Los Cabales, por lo menos.