Reportaje
La mejor paella del mundo, la de Pedro Guerrero, ni se compra ni se vende, como el cariño verdadero
Memorable fiesta gastronómica en Los Cabales, con actuación de Andrés
Publicada en MeliYa el 22 de enero de 2006
Tomen buena nota porque el periodista no está dispuesto a volver a publicarlo, en cualquier caso se dirigen al buscador de MeliYa.com, servidor no lo va a repetir porque, sin ir más lejos, están ustedes a punto de llegar a casi conocer la receta del arroz perfecto, la más luminosa y calorífica paella que viérase en los confines de la gastronomía española.
La paella que gastan Los Cabales, obra, gracia y postín de don Pedro Guerrero, es única, su sabor es tan exportable como la denominación de origen de los vinos del Marqués de Griñón, porque a lo suculento le añade gracia, desenvoltura, sustancia y aroma. La paella entra por todos los conductos sensitivos del buen gurmet. La paella perfecta.
Primero háganse idea de que les visitan de 80 a 100 invitados. Hombre, es una exageración, pero quién sabe. De cualquier forma, como el lector conocerá las cuatro normas, conviertan lo que es para un centenar de comensales a 10, 15 o seis, lo que ustedes quieran.
Receta Ahí va la receta para poco menos que una compañía de Infantería de Regulares: 9 kilos de arroz, 9,5 kilos de chopo, 7 kilos de magro -sí, sí de guarro-, 5 kilos de costillas del mismo y admirado animal, 6,5 kilos de pimientos, 4 kilos de mejillones, 3,5 kilos de gambas, 8 kilos de tomates y, ya sabe, las especias, la sal, el aceite, los guisantes y....¡imposible sacarle el secreto!.
Pedro Guerrero, maestro, oficial de policía, ATS, es cordial pero no regala ni aliento en lo que a recetas concierne: todo lo anterior tiene unos tiempos, un ritmo, unos fuegos y algo más que no me dice que convierten al conjunto en, lo dicho, la paella perfecta.
Los Cabales lo saben y, desde que nos deslumbra con sus preparados gastronómicos, en esta ocasión con la ayuda de Pepe Vargas, su cuñado, no hay quien le ponga una pega al encuentro cabal.¿Qué le pone Pedro a la paella?: Todo lo demás y el indescifrado secreto.
¡Qué hacer un domingo de enero, con la resaca de las fiestas, con el bolsillo hecho unos zorros y los organismos más allá que para acá?. Pues irse a la Plaza de Toros, a Los Cabales, y disfrutar de una dominical a base de paella, amistad, buen humor y melillismo.
Sí, todo lo anterior. El periodista llega con sed, “échate una cerveza al coleto y prueba el chorizo que ha traído Pepe”. Orden cumplida. Los vapores del fruto de las marismas, el arrosito, que diría Manolo García, de Castellón, ya invaden el área social. El almuerzo compartido con unas 87 personas, y además amigos, es un lujo.
Wallace, el del culo Al efluvio arrocero, le sigue el que desprende el buen rioja seguido por caldos de la Escocia de William Wallace, ese escocés que les enseñaba el culo a los ingleses de Su Graciosa Majestad en plena guerra, pero, bueno, en Los Cabales sin guerra y con whisky.
Y sorpresa. Me lo decía Juan Marcos Manjón, el presidente cabal, hay un chaval que se las pinta, guisa y compone para hacer pasar un rato de categoría gracias a su buen humor, su chispa sobre el escenario y sus siempre celebradas concurrencias. El Andrés 'El Chifli', un humorista en ciernes que ya ha complacido en más de una ocasión a la audiencia cabal.
Sobre sus espaldas, eso sí, con la ayuda de Manolo Galán y otro Manolo, Papá Pitillo, recayó la grave responsabilidad de la sobremesa. Y cumplió y arrancó carcajadas y aplausos por igual. Tiene arte 'El Chifli', que le den una oportunidad. Carmina, de verdad que la merece.
Pues entre buena mesa, excelentes caldos, buen humor y camaradería transcurre cada jornada de sábado o domingo en Los Cabales, allá en la Plaza de Toros. Allí se respira Melilla a través de los poros de sus gentes. Allí da gusto estar. Pídanme más crónicas como ésta, que las hago gratis.