Reportaje
María del Mar, Carmen de anhelos y cariños
Melilla profesa devoción y tradición a la Virgen de los Mares
Publicada en MeliYa el 16 de julio de 2006
El presidente de la Ciudad Autónoma dijo el viernes, allá en los pantalanes de Noray, “la Virgen del Carmen no es sólo vuestra patrona (de la Autoridad Portuaria) sino de todos nosotros”. El melillense mira a la mar, la mar de las buenaventuras y de las desgracias. Sobre la estela fluorada de las olas, está la Virgen del Carmen.
Más de Juan José Imbroda: “¿quién no tiene nada que ver con el mar, quién no mira al Mediterráneo?”. Esa mirada, refulgente, de esperanza, anhelo o, incluso, tristeza, tiene una referencia, María del Mar, Carmen de cariños, sinsabores y futuro. La mar comunica, la mar es la autopista al cielo -lo fue al infierno- de melillenses abigarrados, responsables, heréticos de tiempos difíciles.
La Historia dice que desde los antiguos ermitaños que se establecieron en el Monte Carmelo, los Carmelitas han sido conocidos por su profunda devoción a la Santísima Virgen. Ellos interpretaron la nube de la visión de Elías (1 Reyes 18, 44) como un símbolo de la Virgen María Inmaculada. Ya en el siglo XIII, cinco siglos antes de la proclamación del dogma, el misal Carmelita contenía una Misa para la Inmaculada Concepción.
Los marineros, antes de la edad de la electrónica, dependían de las estrellas para marcar su rumbo en el inmenso océano. De aquí la analogía con La Virgen María quien como, estrella de la mar, nos guía por las aguas difíciles de la vida hacia el puerto seguro que es Cristo.
Por la invasión de los árabes, los Carmelitas se vieron obligados a abandonar el Monte Carmelo. Una antigua tradición nos dice que antes de partir se les apareció la Virgen mientras cantaban el Salve Regina y ella prometió ser para ellos su Estrella de la Mar. Por ese bello nombre conocían también a la Virgen porque el Monte Carmelo se alza como una estrella junto al mar.
La Virgen Inmaculada, Estrella de la Mar, es la Virgen del Carmen, es decir a la que desde tiempos remotos se venera en el Carmelo. Ella acompañó a los Carmelitas a medida que la orden se propagó por el mundo. A los Carmelitas se les conoce por su devoción a la Madre de Dios, ya que en ella ven el cumplimiento del ideal de Elías.
Incluso se le llamó: "Los hermanos de Nuestra Señora del Monte Carmelo". En su profesión religiosa se consagraban a Dios y a María, y tomaban el hábito en honor Ella, como un recordatorio de que sus vidas le pertenecían a Ella, y por Ella, a Cristo.
Intensidad Melilla ha vuelto a vivir con intensidad un nuevo 16 de julio, víspera de -mor del destino- de drama y sangre, marcado, eso es lo importante, por la evocación mariana. Si en junio María del Rocío -su estandarte- subía a Rostrogordo, en el mes del navarro San Fermín, es la Señora de los Mares -Salve- quien preside costumbres y tradiciones populares.
La Virgen del Carmen es sencilla, recia y acrisolada, como los hombres y las pacientes mujeres de la mar. Porque es 'la mar', no el mar. Puede que gramaticalmente sea apropiado el género masculino, pero -a qué engañarnos- la mar es femenino, por imprevisible, pasional y dulce. La mar no puede tener patrón, sino Patrona, María del Carmen.
Son días especiales para el Real, el Hipódromo, Corea, para la Asociación de Pescadores, el Club Virgen del Carmen, la Marina Española, navieras, la Asociación de Vecinos Rusadir -Casa de los Huevos- y para la mayoría -ya lo dice Imbroda- de los melillenses. Santa Misa en su honor, en la parroquia de San Agustín, procesión por aquellas calles de modestos bolicheros, hoy convertidas en sede de viviendas de solaz y bienvivir, el Hipódromo.
Escolta y apertura de columna a cargo de la Compañía de Mar -hay que cuidar ciertas formas a la hora de escoltar a un Sagrado Titular, que cada palo aguante su vela, respetado general- y tras la representación castrense, a hombros de fieles devota, María del Mar.
Tras de ella, el pueblo. Vimos a Juan José Imbroda, Francisca Coll, Carmina San Martín y Rafael Marín pero también vimos a muchos paisanos entregados a la mariana devoción de la Señora de los Mares.
Fin de parada en el Paseo Marítimo Mir Berlanga, a hombros se fue María a la lancha de los 40 Hombres de Mar, paseo por la cada día más ciega bahía melillense, desembarco en Corea, mujeres que llevan a la Virgen y fin de protocolo oficial.
**'No me dejes, Madre, y si las olas nos pueden, Carmen, besa a de mi alma el germen que se queda sin padre, bendice, Virgen, mi muerte'.**
Son versos de un modesto poeta y pescador gaditano que, a diario, se asomaba al mar. Melilla lo ha hecho en una jornada cargada de acontecimientos que viene a confirmar la perpetua complicidad de Ciudad y mar, la mar que une y separa, sobre la que sólo se pueden construir puentes de cariño, al abrigo de la sombra protectora de la Virgen del Carmen.