Local · Semana Santa

Melilla despierta y arropa a Jesús Nazareno aunque su Madre no consigue la entrega de suficientes hombres de trono

Faltaron 40 melillenses para llevar a buen puerto la procesión más antigua de la ciudad

Publicada en MeliYa el 12 de abril de 2006

Salvador Ramírez

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Melilla despierta y arropa a Jesús Nazareno aunque su Madre no consigue la entrega de suficientes hombres de trono

Así lo contó su apóstol predilecto, Juan: “Y entonces lo entregó a ellos para que fuese crucificado. Tomaron después a Jesús y él salió llevando su cruz hasta el lugar que se llama de la Calavera”, Gólgota en hebreo.

Dios, a veces, es demasiado exigente. Si Jesús asumió los pecados de la Humanidad, si aguantó su cruel cautiverio, la humillación, los latigazos de la flagelación y hasta una corona de espinas, ¿qué necesidad había de hacerle recorrer los cuatro kilómetros que hay entre el centro de Jerusalem y el monte de la Calavera con una pesada cruz de madera maciza?.

La Virgen de los Dolores no se merece un tránsito a base de ruedas de caucho empujadas, María, la mujer que acompañó a su Hijo para que derramara la última de sus gotas de sangre, recorrió su estación de desesperación a pie, soportando el desarraigo de perder la piel a tiras. En Melilla no hay portadores para la Virgen de los Dolores. Qué pena, cómo de mal funciona la demografía. Faltaron 40 cristianos comprometidos.

Las grandes obras son exigentes. El dolor no es un disgusto, la felicidad no es un chiste, la inmolación ha de producirse hasta sus últimas consecuencias. Jesús tenía que consumir hasta el último aliento, hasta la última gota de su sangre antes de entregar su alma al Padre y no se regatearon esfuerzos para que su sacrificio fuera recordado por siglos como el acto de inmolación supremo, por excelencia.

Marcial y compuesto prólogo de protocolo a cargo de la Policía Local, nazarenos muy jóvenes -menos mal que hay cantera- y representación generosa de la Jefatura Superior de Policía en los preludios de Jesús Nazareno, bien dotado de hombres de trono y magníficamente escoltados por hijos del Tercio Gran Capitán Primero de la Legión, ellos nunca fallan.

¿Quién es Simón de Cirene?. Dicen que un campesino que pasaba por ahí y le obligaron a cargar con la cruz por trechos para que no se estropease el espectáculo final, la muerte en la cruz. Jesús, como humano, estaba al límite de sus facultades tras doce horas de padecimientos, las transcurridas desde su detención en Getsemaní.

Muchos huecos -un hectómetro a simple vista, metro más o metro menos- para una procesión muy seria, oiga nada menos que un Cristo de Mena, pero tras el hueco, la seriedad de la escolta de Artillería, en traje de época, precedidos por la representación oficial del regimiento y flanqueando una más triste que nunca Virgen de los Dolores.

Dicen que el Cireneo era una persona compasiva que no pudo aguantar más tanto sufrimiento ajeno y se expuso a la cristofobia romana con tal de aliviar el amargo grial que Cristo arrastraba desde el Huerto de los Olivos. Gibson, en su 'Pasión, apuesta por lo primero y el Vaticano bendijo hace dos años la cinta cinematográfica.

Bendigamos que Cristo Nazareno ha estado en las calles de Melilla, sean benditos quienes sí han querido poner el hombro para gloria y mantenimiento de las tradiciones populares melillenses y que nadie escasee bendiciones para la, ahora sí, multitudinaria asistencia de fieles devotos que han recorrido el kilómetro que separa la Plaza de Velázquez de la Avenida del Rey, para que en ningún momento del Miércoles Santo faltara aliento cristiano a Jesús, camino de la Muerte, y a su Madre, la Dolorosa.

Sea como fuere, Jesús Nazareno no rehusó. Ni siquiera sus menguantes fuerzas humanas, al borde de la extenuación, doblegaron la voluntad del Elegido para sufrir y crear una historia mundial. Simón de Cirene, es cierto, le ayudó pero el Nazareno soportó latigazos, pedradas y esputos que no siempre procedieron de manos y labios romanos.

María estuvo siempre muy cerca de su hijo, desgarrada, imponente pero siempre géiser a amor eterno y entregado. También a ella la señalaron y también pudo convertirse en víctima por afinidad familiar pero pudo mucho más el cariño de Madre convertido en impotencia, tristeza y desgarro.

Con un manto de escarlata, como los polichinelas circenses, una corona de espino, como los reyes de la nada y una cruz a cuestas, como criminal declarado, en ese lamentable estado de imagen, el más increíble caudillo social que hayan conocido los tiempos caminaba exhausto hacia la gloria de los grandes, los inimitables, los eternos.