Reportaje

Luis Casado: "muero inocente, cuiden a esos niños a los que quiero con locura, que me traigan flores"

Reflexiones sobre la historia del capitán de Infantería, Luis Casado y Escudero

Publicada en InfoMelilla el 27 de agosto de 2007

Salvador Ramírez

Luis Casado y Escudero, uno de los hérores de Igueriben, no sólo fue pasado por las armas de forma injusta cuando balbucía el régimen del dictador Franco, sino que fue encartado, años después, por un denominado Tribunal Especial para la Represión de la Masonería y el Comunismo -plena dictadura franquista- y tuvo que llegar la Democracia para que, nuevamente, hace unos días, el Tribunal Supremo olvidara sus méritos en la batalla y decidiera no restituir a sus familiares el honor del capitán Casado.

¿Sus culpas?. Haberse jugado la vida en pleno Desastre de Anual, haber sido herido en cuello y pie en la roca de Igueriben, haber contado el horror de la hazaña del comandante Benítez y del año y medio posterior de penitencia vivido en la cárcel que Abdelkrim montó en Axdir, haber conseguido la absolución de dos presuntos -falsamente presuntos- rebeldes de Asturias y, sobre todo, haber mantenido el juramento a la Constitución y a la bandera en julio de 1.936, es decir, haber sido un militar de casta y valor.

Supremo Pero al Supremo le importan poco los sentimientos de los familiares del capitán Casado y Escudero y acuerda no revisar la causa de su asesinato a balazos franquistas en Melilla, en julio de 1.936. El Tribunal Constitucional tiene la última palabra porque los familiares de Casado no cejan, quieren honor y reconocimiento debidos a un héroe nacional.

Manuel Altozano, excelente documentalista de El País se hace eco de una crónica de Luis Casado, desde Igueriben, minutos antes del desplome de las fuerzas de la Comandancia General de Melilla: “Es horrenda la sed; se han bebido la tinta, la colonia, los orines mezclados con azúcar. Se echan arenilla en la boca para provocar, en vano, la salivación. Los hombres se meten desnudos en los hoyos que se hacen para gustar el consuelo de la humedad. Se ahogan con el hedor de los cadáveres. La pestilencia y carencia de agua hacen mortales las heridas. Conclúyense las municiones”.

Este oficial, teniente recién ascendido, fue hecho prisionero por Abdelkrim y fue el encargado, año y medio después, de relatar los hechos de la España africana del desastre. Se limitó a contar lo que padeció. Franco, que recibió buenas referencias en su propio beneficio de Casado, se limitó, luego, a ningunearle: “sólo le conozco de vista y por relatos de otros oficiales”.

Dictador El dictador no hizo nada, tras sublevarse el 17 de julio en Melilla, por salvar la vida de un capitán de Infantería que se limitó a ser héroe nacional. Luis Casado y Escudero fue fusilado en Rostrogordo por “acciones antipatrióticas y antimilitares”. El Supremo calla, ¿otorga?.

Las últimas palabras escritas del gran militar las recoge José María Lagunilla -nieto político de Casado- en su 'Aproximación biográfica para la familia' del héroe Casado. Su esposa había muerto de una cruel enfermedad dos años antes, Luis Casado soportaba su última noche entre los vivos y escribió de su puña y letra lo siguiente: “Queridos padres, hijos y hermanos: es la hora de la verdad pues dentro de breves momentos me van a fusilar. Nunca se avergüencen de mí. Muero inocente y pensando en todos ustedes a los que tanto he querido y quiero. Muero henchido de gratitud y cariño para todos ustedes. Cuiden a esos niños a los que quise y quiero con locura, que se acuerden siempre de mí. Cuando sea el tiempo oportuno, por Dios, recojan mis restos y llévenlos al lado de Finucha (Serafina, su mujer). Y que mis hijos me lleven flores”.

Nadie mejor que el prestigioso historiador e incondicional amigo de Melilla, Juan Pardo y Despierto, para definir el fenómeno Casado. Lo hace en el prólogo -excelente- del libro de Lagunilla: “A los héroes subsistentes se les somete a difamación o sospecha en pruebas de eticidad o resistencia que la sociedad debería pedirse a sí misma o reclamar al Estado. Se las pide a los que vertieron no ya su sangre por ella, sino su ilusión, sangre inmensa ésta, de caudal hondo y ancho, que brota de un borbotón y en él suele acabarse de golpe ante tan malos pagos. El héroe en España es cristiano joven y, en consecuencia, sometido a recelo constante cuando no a humillación recurrente. Casado no iba a ser la excepción y más siendo él cristiano serio”.

Aporte bibliográfico y documental: PEPE MARQUÉS

Diseño y Producción: RAQUEL FERNÁNDEZ DE TEJADA