Reportaje
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'Tributo a Sabina' marca el ritmo del verano rindiendo homenaje a la buena música y a las buenas personas
Gran gala en el Pub Bribón
Publicada en InfoMelilla el 1 de septiembre de 2007
No es la pimera vez que hablamos de 'Tributo a Sabina', el grupo más codiciado del verano melillense 2007. Siempre sorprenden, mejoran la puesta en escena, incorporan nuevos temas, sintonizan con el público a través de un cordón umbilical presidido por el buen gusto y la música bien hecha.
Han tenido un detalle estas gentes trovadoras. Debutaron hace un puñado de semanas en el Pub Bribón, pegaron el pelotazo y ese debú les ha granjeado -hasta la presente fecha- más de una decena de conciertos.
Bueno, pues le han regalado a MarÃa del Carmen MartÃnez y a Miguel Lence su mejor concierto, sus más emocionantes momentos musicales, su cariño y un cuadro que recoge instantáneas de anteriores conciertos en ese mágico rinco de Puerto Noray.
Parece mentira. Esta gente nació musicalmente para un par de 'bolos' y se han convertido en el referente de ocio de un estÃo que se va a rematar nada más y nada menos que con el concierto de Alejandro Sanz en La Espiguera.
Analicemos con toda la objetividad posible. Ya sé que es difÃcil, no me lo recuerden. Juan José Rojas es un músico de muchÃsima altura, ésto se le queda pequeño pero no duda un segundo en piner su magisterio a disposición de sus amigos y de los melillenses. Está inmenso en los teclados, marca los tiempos, es la columna vertebral de un organismo que funciona como un reloj suizo.
Ferrer, nuestro Antoñito Ferrer, es tan adorable como versátil, tan artista como cercano. Si Dios quisiera -si es que existe Dios, claro- Antonio tiene que triunfar en Madrid e iniciar una carrera artÃstica tan polifacética y brillante como él y su personalidad. Olvidamos a Sabina cuando escuchamos a Ferrer.
José Ãngel González 'Rayo' -baterÃa- es inconmensurable, se atreve con todo y lo hace con la elegancia de un señor a quien no hay que explicarle absolutamente en materia de percusión. Estalla en 'Edone', se acompasa con Sabina. Es un doctor del ritmo y, además, en lo personal, es un ser humano entrañable.
El bajista de la improvisada agrupación musical sabinera se llama Raúl Belmonte. Ya lo he dicho en otra ocasión aunque con otras referencias: a Raúl le silban el Himno de Riego y es capaz de darle la vuelta al franquismo. Soberbio, elegante, conductor admirable de un concierto que sube más enteros que las hipotecas de Zapatero.
Viene lo difÃcil, hablar de los mÃos, de dos personas con las que suelo almorzar a diario, siempre y cuando los compromisos -los suyos, vaya- lo permiten. MarÃa José RamÃrez es encantadora (eso lo sabe casi todo el mundo) y dobla al señor Ferrer con la profesionalidad propia de quien ha sido parida en lo alto de un escenario. No es el caso, pero casi.
Salvador Berenguer es un guitarrista gigantesco. Perdonen los superlativos pero este chaval de 22 años de edad progresa. Combina su sabinerismo con su incondicional apoyo a 'Edone'. Nació en 'Némesis' con Óscar, Mari y compañÃa y su horizonte musical es tan insondable como infinito. Hablar de Salva es recordar a Lázaro -su generoso maestro-, gentes que hacen lo que les da la gana con una eléctrica.
Si me callo, reviento. Hay una persona que hace posible que los esplendores de 'Tributo a Sabina' brillen con luz propia, la mano profesional de Tomy, de Seamel-Copeléctrica. Dios, si yo he visto a este niño buscándose la vida en el Vivero de Empresas, si este es el 'monstruo' que me grababa esos videos taurinos para las Jornadas, si este es el sobrino de mi Román de mi alma. Menudo técnico de sonido tiene Melilla. ¡Felicidades, gran amigo, y enhorabuena!.
Ea, lo dicho, quedan unos cuantos conciertos y no es cuestión de perderse el arte y el saber estar de estos seis buenos músicos melillenses. Que ustedes lo pasen bien, ¿yo?, seguro que sÃ.
Reportaje literario y gráfico de SALVADOR RAMÃREZ VÉLEZ