Reportaje

"Vengo a anunciaros la tragedia y gloria de Jesús"

Texto íntegro de un pregón cargado de apostolado, melillismo y poesía, obra de Antonio Ramos Ayala

Publicada en MeliYa el 2 de abril de 2006

Antonio Ramos Ayala, Vicario Episcopal

DEDICATORIA

**A mi padre en el cielo. A mi madre y a mis hermanos. A Luis Alberto: entrañablemente querido. A cuantos se consideran y siento mis amigos: profundamente agradecido. De todos ellos he recibido siempre más que he dado.**

“Hermanos, estad alerta: que los misterios de este tiempo no sean estériles en vosotros. Tenemos una bendición copiosa. Traed vasijas limpias. Presentaos con espíritus fervientes; con sentidos despiertos; con afectos sobrios y con una conciencia limpia para recibir estas gracias tan extraordinarias. Vivimos la Pasión del Señor, que hoy también hace temblar la tierra, quiebra las rocas y abre las tumbas”. (1)

CON LA VENIA DE TODOS USTEDES

Sean mis primeras palabras para dirigirme a la querida Virgen de la Victoria Patrona de Melilla, en ella pues es la misma Señora, a la Virgen de Guadalupe Patrona de México y Emperatriz de las Américas a la que profeso una especial devoción:

Victoria y Guadalupe Madre Divina. En mis horizontes brilla Virgen Inmaculada. Estrella Polar que mi alma ilumina. Que en mi mente lleve tu imagen grabada. Protegedme siempre Virginal Señora. Cercana te sienta cuando llegue mi hora.

En segundo lugar agradecer a la Agrupación de Hermandades y Cofradías de Melilla, la gentileza que han tenido al designarme como Pregonero de la Semana Santa de Melilla 2006. Gracias, en tercer lugar, a Don Andrés Catalá por sus palabras de presentación ante ustedes y por el perfil que ha trazado sobre mi persona. Finalmente, mi gratitud también, a todos los presentes en este Templo del Sagrado Corazón de Jesús, dando calor y realce a este acto. Así como, a los que siguen este evento a través de Televisión Melilla.

Cuando la Agrupación de Hermandades y Cofradías tuvo a bien designarme como pregonero de este año 2006, creo sinceramente, que se dejaron llevar más por los afectos que por el conocimiento que tiene este pregonero de la Semana Santa melillense. Seguro estoy, que muchos de los presentes y de quienes nos siguen a través de los medios de comunicación, podrían pregonar este acontecimiento con más sentimiento, inteligencia, conocimiento y virtud que este que hoy os dirige la palabra. Lo que este pregonero sabe de la Semana Santa de Melilla, se basa en los testimonios que amablemente ha ido recibiendo de vosotros, y en la experiencia del año pasado, en la que muy desde cerca, pudo percibir el sentir cofrade de esos días.

He aceptado la designación, en primer lugar, por no desairar a quienes me propusieron, y en segundo, por aquello que decía el apóstol san Pablo: “a tiempo y a destiempo”. El pregón, es una buena y oportuna ocasión, para anunciar una vez más, los Misterios que nos han dado Vida: La Pasión, Muerte y Resurrección de Nuestro Señor Jesucristo. Al comenzar el pregón, hay una imagen que me viene a la memoria: La del pregonero. Aquel personaje de nuestra España rural, ya lejana, que con trompetilla en ristre, y desde el altillo de la Plaza Mayor, pregonaba la ultima noticia. Lo que el pregonero anunciaba variaba según era necesario: la muerte del señor Indalecio, la llegada de los titiriteros, la venta de ganado en la plaza del pueblo, la subida de la arroba de aceite, el agua que se cortará mañana, el bando del señor Alcalde o el baile esta tarde en el casino, al cual no podremos asistir, desprovistos de corbata los caballeros.

Esta imagen me traslada a otra de mucho mas contenido Teológico: la imagen del mensajero Divino (el pregonero Bíblico). El enviado a anunciar las Buenas Nuevas. El gran profeta Isaías lo define así: “Qué hermosos son sobre los montes, los pies del pregonero que anuncia la paz, que trae buenas noticias, que anuncia la salvación, que dice a Sión: Ya reina tu Dios” (2). La Sagrada Escritura esta llena de grandes pregoneros: Abraham, Moisés, los Profetas, los Ángeles del Señor, Juan el Bautista, el mismo Jesús, y como no, sus Discípulos. Todos ellos fueron Pregoneros de Dios. Con la gran diferencia que existe, entre los pregoneros anteriormente mencionados, y este que os habla: esta es la tarea que me habéis encomendado, ser el pregonero. No tengo trompetilla sonora, que os despierte, si con mi verbo os introduzco en el sueño.

Pero me acompaña esta banda de música de la Ciudad Autónoma de Melilla, que seguro, para todos los presentes, será un deleite. Sí, soy el pregonero. Vengo a anunciaros, con la sencillez y la fuerza de las palabras, la tragedia y la gloria de Jesús, el Nazareno; vengo proclamar, el contraste que hay, entre el gozo de la muchedumbre en la entrada Triunfal del Señor en Jerusalén, a la soledad terriblemente fría, del Huerto de los Olivos. Os anuncio, el dolor y la serenidad de unas sienes Divinas, oprimidas por una corona de espinas, con forma de serpiente. La fuerza salvadora de unas manos atravesadas, que solidarias, desde el cielo, se tendieron dóciles al hombre.

La historia de un corazón traspasado, por el puñal del pecado; la del Hijo de Dios, clavado en el madero. Él, aun muriendo, palpita generoso en un fuego de amor vivo. El dolor de una madre, que aguarda serena, con clara esperanza, la ultima palabra del Padre del cielo. La oscuridad del sepulcro, y un cuerpo inerte, entre el frió y la tiniebla, en su descenso al lugar de los muertos. La fuerza de la luz, entrando a raudales en la tumba vacía, e iluminando las sabanas aun perfumadas de las santas mujeres. El Amor del Padre, aun más fuerte que la muerte. Él, con mano firme y poderosa, rescato a su Hijo del sepulcro. Quizás, también los Ángeles del cielo cantarían gozosos al amanecer de aquel tercer día la Resurrección.

Melillenses, abrid bien vuestros oídos: vengo a anunciaros la Semana Santa de Melilla, la que se celebra en las iglesias, y que se derrama desde ellas por toda la Ciudad como el agua que manaba del zaguán del Templo (3). La Semana Santa de las calles de Melilla; la que con sus matices y sentires propios, nos muestran nuestros hombres de trono y cofrades; la misma que se celebra en nuestros altares. La finalidad del pregón de Semana Santa, ha de ser, introducirnos en los misterios de estos días santos, ayudándonos a vivir, personal y comunitariamente este tiempo de gracia, con un espíritu religioso. El pregón, es invitación para que acompañemos y nos unamos a Cristo sufriente, que sube a Jerusalén para ser condenado y morir por nosotros. Es tiempo para leer la pasión de Cristo, descrita por los Evangelios.

De sintonizar con los mismos sentimientos de Cristo Jesús, adentrándonos en su corazón y acompañándolo en su dolor, pidiéndole perdón por nuestros pecados. Estos días, no son días para ir de vacaciones, fuera de Melilla. Es una Semana Santa, para vivirla en nuestra Ciudad y en nuestras Iglesias, junto a la comunidad cristiana, participando de los Oficios Divinos, asistiendo a las distintas procesiones y actos de piedad popular, que organizan nuestras hermandades y cofradías.

Con el deseo de ayudaros a la contemplación de los misterios que tuvieron a Jesús como protagonista de la historia de amor más dramática, generosa y sorprendente, que jamás se dio en el devenir de la humanidad, os invito a que me acompañéis a Jerusalén y a las calles de Melilla. Trasladémonos con la imaginación a aquellos momentos; también a nuestras plazas y avenidas. Procuremos recrear en nuestro interior el paisaje, los personajes, acontecimientos, sentimientos y diálogos. No olvidemos traer a la mente nuestros pasos de Semana Santa. El gran maestro del espíritu y la oración, San Ignacio de Loyola, llamaba a este ejercicio: “la composición de lugar”. Reconstruye la escena: trasládate con la imaginación al sitio, procura ponerte muy en ambiente. Hazte presente en los hechos. No hables. Guarda silencio, observa y medita. Al final saca conclusiones. ¿Que te dice a ti todo esto? ¿Que te pide el Nazareno?

ANTECEDENTES

En la historia de amor que os vengo a contar, todo empezó muy antes de la pasión. Veamos primero dos momentos importantes y significativos de la vida de Jesús. Ellos representan dos claves necesarias para entender como vivirá el Señor, desde su interior, la pasión y muerte. Que sentido tendrá para Él padecer y morir en la cruz. En primer lugar: la Encarnación y el Nacimiento del Hijo de Dios. Quien dice Encarnación dice cruz. La Encarnación va ordenada a la cruz: la salvación, se hace redención de la humanidad, en la cruz de Cristo. Lo mismo que en la Encarnación, Dios pidió su colaboración a María, también al pie de la cruz (4). En segundo lugar: el relato de la vida de Jesús llamado el “Buen Pastor”. El discurso comienza en el capitulo 10 de san Juan. Dirá Jesús: “Nadie me quita la vida; yo la doy la doy voluntariamente” (5). Esto es muy importante no perderlo de vista: Jesús entrega su vida. Es un acto generoso y solidario.

Es obediente a la voluntad salvífica de Dios Padre. Jesús se reconoce entregado a la voluntad del Padre, aunque esto suponga la muerte. La pasión de Jesús no es simplemente un momento puntual de su vida. Jesús vivió con pasión su entrega al Padre y a los hermanos. “No hay mayor amor que el de aquel que da su vida por los amigos” (6).

DOMINGO DE RAMOS, LUNES, MARTES Y MIERCOLES SANTO: DIAS DE CONTRASTES

DOMINGO DE RAMOS: Gloria, Pasión y Esperanza

El Domingo de Ramos abre solemnemente la Semana Santa. ¿Domingo de Ramos o Domingo de Pasión? Un día de palabras, sentimientos y tonalidades muy diferentes, casi contradictorias: el triunfo, junto con nubes de traición y de muerte. Procesión festiva de Ramos, alabanza y aclamación, junto con la traición, y la cruz ya cercana. En resumen, gozo y tristeza, vida y muerte para Jesús. Vamos con el pensamiento a Jerusalén. Seamos testigos del gesto profético de Jesús. Entra a la ciudad como Rey pacífico. Mesías, aclamado primero, y condenado después. Con el Domingo de Ramos, en Melilla, comenzamos la semana más grande de todo el año, el tiempo más intenso de la piedad y la vida religiosa de este pueblo. Es de nuevo, el paso del Señor por nuestra historia, por nuestra vida, que culminará en el gran paso que es la pascua.

Por la mañana, al medio día, saldrá en procesión, la Pollinica del barrio de “batería jota”, y como no, Nuestra Señora de la Esperanza. Hermoso contraste el que se nos ofrece: de un lado Jesús aclamado como Rey, sabiéndose cercano a la traición, pasión y muerte. De otro Santa Maria de la Esperanza, procesionada a su lado por las calles de Melilla, bellamente adornada. Maria de la Esperanza, nos anima con su presencia santa, a vivir confiados, en la feliz resurrección de Cristo. Pareciese, como si esta cofradía melillense, a través de sus sagrados titulares, hubiese querido recoger, el conjunto del misterio pascual, para ofrecerlo en las calles: pasión y gloria.

En su itinerario procesional, el parque Hernández será testigo de los distintos sentimientos y actitudes encontradas de estos días santos: Aclamación, alabanza, gozo, tristeza, dolor, alegría… Es la expresión de la pasión, la gloria y la esperanza en dos bellas imágenes. Ambas son portadas por el impulso, el brío y el ardor de la juventud de Melilla. Desde este pregón animo al hermano mayor, Don Juan Miguel Martín Aranda a seguir adelante con su tarea y empeño, ayudado como siempre por su gente de confianza. Desde esta tribuna felicito públicamente a los hombres de trono de esta cofradía, jóvenes entre los 16 y 20 años. El año pasado, les vimos poner ganas, para sacar adelante sus tronos. Para muchos cofrades melillenses fueron un ejemplo. El paso de la Pollinica me inspira estas palabras:

**En tierras de Melilla. Domingo de Ramos, cuando el sol más brilla. Entra triunfal, quien calmo las olas del mar. Viene sobre burrito moruno, bañado de sol y luz. Mujeres, hombres y niños, gritan y cantan: “Hosanna”. Muchos de los que hoy claman, pasión le darán mañana. Triste, que existan amores, que den muerte de cruz.**

Sin lugar a dudas, de gran importancia y necesarias, son nuestras procesiones en Melilla. Pero quiero recordar a todos, cofrades o no cofrades, que la procesión más importante tiene que ir por dentro. Que pase Cristo por nosotros con su luz y su medicina, con su fuerza y con su Espíritu, y que su paso disipe nuestras tinieblas, sane nuestras heridas, rompa nuestras ataduras y nos llene de su libertad y de su Vida.

En este día de Ramos el pregonero os invita a seguir acogiendo al Cristo amigo, que quiere lavarnos el alma y repetirnos palabras de amistad; al Cristo alimento, que nos ofrece su Cuerpo y su Sangre para vivir la comunión; al Cristo orante, que da gracias al Padre y pide su glorificación y la consumación de la unidad; al Cristo paciente, que se entrega como cordero a sus verdugos, desde la obediencia y la paciencia, desde la confianza y la misericordia, para llevar a cabo la Redención; al Cristo, finalmente resucitado, lleno de Espíritu y de Vida.

LUNES SANTO: Amistad y Sentencia

La liturgia de la iglesia nos invita este día a dar un salto atrás en el tiempo para acompañar al Señor a Betania a casa de sus amigos Lázaro, Marta y Maria (7). Ellos han preparado una cena preludio de la última cena. Jesús, asiste a ella, profundamente conmovido, conmocionado y casi sin aliento. La causa: el gran contraste que experimenta en los sentimientos y en los amores de la gente. Antes del momento de la brutalidad y del odio, la hora de la amistad, de la convivencia serena, profundamente afectuosa. En estos amigos no hay traición. Todo lo dan, todo lo entregan y lo ponen a su servicio. Para el maestro, esta comida es comunión de vida y despedida.

Fue un derroche de amor desinteresado. Lázaro, símbolo de la resurrección y de la alegría, era uno de los comensales. Marta servía. María escuchaba. Imaginemos la escena. María, tomó una libra de perfume, de gran valor. La derramó sobre sus pies, se los secó con sus cabellos y toda la casa se llenó de la fragancia del perfume. El gesto tiene un alcance pascual. María anticipa los cuidados tradicionales, de embalsamamiento, que no podrán darse al cuerpo de Jesús, porque cuando vayan a hacerlo, ya habrá resucitado. La unción es símbolo y anunciación del triunfo de Jesús sobre la muerte.

Hermanos cofrades, Invitemos también nosotros a Cristo a nuestra casa y a nuestra vida para escucharle, como buenos amigos. Pidámosle que nos enseñe a encontrarle en los acontecimientos y avatares de nuestra vida. Escuchémosle con atención. El nos susurra al oído: “Ya no os llamo siervos, a vosotros os llamo amigos”. En Melilla, este Lunes de Pasión, bajo un estricto orden y silencio, saldrá “La sentencia”. La querida Parroquia Franciscana del pueblo, alberga a tan dulce huésped. Una de las devociones más grandes de la gente de esa ciudad vieja.

Esta es una imagen del Nazareno, bellamente trasformado en cautivo. Llego a Melilla gracias a Don Marcelo Nogales Ruiz en los años 40 desde la ciudad de Alhucemas. Mucho debe la Semana Santa de Melilla a este insigne y devoto cofrade. Su nieto Don Marcelo Nogales Moncada fiel a la tradición de la familia, acompañado de su junta de gobierno, sigue luchando todos los años por ofrecer a Melilla este grupo escultórico de la Sentencia. Es, pues, el Lunes Santo otro día de contrastes: Amistad, ágape y afectos en casa de Lázaro. Sentencia de Pilato en Melilla.

Condenado a Muerte de cruz. De esta manera pagamos, a quien tanto nos amara. El cobarde Pilatos, no quiso dar la cara. Para la vil sentencia, aguardo falta de Luz.

Que sabría de leyes, el Romano imperialista. Para dictar injusto castigo, hubo de esconder la vista. Jueces y hombres de leyes, evaluad esta muerte por dolo. Para el hombre ser redimido, Cristo pago el solo.

MARTES SANTO: Traición, Amor-Negación y Humillación

El martes Santo, dejemos que sean Judas, Pedro y el Humillado de Melilla, quienes nos hablen nuevamente de contrastes.

JUDAS ISCARIOTE: La Traición

Profundamente conmovido. En medio de una cena íntima. Mirándolos a todos, con el brillo de sus ojos, reflejando la luz de las velas, dijo con voz pausada y amiga: " En medio de vosotros hay uno que me va a entregar” Mirad fijamente la escena, contemplad su rostro para mejor sentir y comprender su drama. El silencio es de plomo. Jesús hizo el último intento para que la amistad con Judas no se quebrara. Durante la cena le dio un trozo de pan, untado en la salsa, signo de distinción, de reconocimiento, de aprecio y de amistad. Resonaban en el corazón de Judas, aquellas palabras: “Ya no os llamo siervos. Ahora os digo amigos." Judas, prefirió ser "siervo". Se hizo sordo a la invitación de amistad. Tomó el pan, y detrás del pan, entró en él... Satanás. Jesús le dijo: “lo que has de hacer, hazlo pronto" y entre labios, más que palabras, musitó: “Mas le valiera no haber nacido”.

Amor y traición. Amigo o esclavo: los dos contrarios de este martes Santo, como las tesis y antítesis hegelianas.

PEDRO: Entre el Amor y la Negación:

Pedro, en medio de un aire denso, pesado y triste, manifestó su impotencia con un rasgo de falsa valentía, gritando: “¡Daré mi vida por ti!”. ¿Darás tu vida por mí?, le pregunta Jesús. ¡Pobre Pedro, qué iluso! Pedro lo negará, sí, lo negará, quebrará la amistad, pero no acabara con ella. No hará traición al Maestro. Llorará, sí, llorará. No escapará fácilmente, como Judas, quitándose la vida. Quédate ahora, en el patio de Caifás, contemplando a Pedro aturdido por el eco, que sonaba fuerte en sus oídos: "daré mi vida por ti, daré mi vida por ti"… Contempla a Pedro, en la oscuridad de esa noche fría, rota por las llamaradas y chisporroteos de la hoguera. Veras sus lágrimas brillar al resplandor de las llamas, a medida que el gallo canta. Imagina la mirada de Cristo, al cruzar el patio. Es una mirada llena de amor, comprensión y de perdón. Es mirada de amistad. Así miran los amigos.

EL HUMILLADO: El Amor Despreciado

A las puertas de la parroquia castrense de Melilla, una voz conmovida, realiza el acto de desagravio a Nuestro Padre Jesús Humillado. Melilla solidaria y corresponsable suplica el perdón por las culpas del pasado. Este acto de desagravio es uno de los momentos más emotivos del sentir cofrade de estos hermanos. A el nos unimos en oración desde este pregón semana santero. Todos le humillamos y seguimos humillando en el tiempo. Por nosotros se ve solo, maltratado, despreciado, despojado y humillado. Es el amor abandonado. El cordero listo para ser sacrificado. Gran cariño es el que profesa a su titular esta cofradía Diocesana. Su Hermano Mayor Don Francisco López Duran es quien anima y motiva los ánimos, calma y serena los nervios.

¡Oh mi Señor Humillado! Solo, triste y abandonado. Todo por amor grande y puro. Ello incrementa tu pena y hace tu trago mas duro.

Divino Amor despreciado. De Melilla recibe el cariño. En tu pasión y tu cruz fue robado. Desagravio, amor cofrade, puro como el de un niño.

MIÉRCOLES SANTO: De nuevo la Traición. Pasa el Nazareno y Maria en su Dolor

La Iglesia nos insiste hoy de nuevo en el tema de la traición. La traición de Judas, como quiebra del amor. Veámosle vendiendo a Jesús: “Entonces, uno de los doce, llamado Judas, se fue a los príncipes de los sacerdotes y les dijo: ¿Qué estáis dispuestos a darme, si os lo entrego? Ellos se ajustaron con él en treinta siclos de plata”. ¿Sabéis la bajeza que significa, treinta siclos de plata? ¿Imagináis a dónde llegó Judas en este ajuste de venta? Mirad lo que dice el libro del Éxodo: “Si el buey cornea, dando muerte, a un siervo, se pagarán 30 siclos de plata al dueño del siervo y el buey morirá apedreado” (8).

Es decir, Judas se convierte por este convenio de venta en el dueño y amo de Jesús. Jesús en su siervo. No le importa que muera, por Jesús recibirá el precio de un siervo muerto. La relación de amistad convertida en la relación más baja y humillante para el ser humano: la de dueño y esclavo. Judas, dueño. Jesús, su esclavo. Judas, endurecida su mente y su corazón por el dinero, decepcionado de sí mismo, arrojará más tarde los treinta siclos de plata por el suelo del templo, y se ahorcará, desesperado. No conoció al amigo. No supo lo que era la amistad ni el amor. Se negó al amor. Prefirió la traición. Mientras tanto por la Avenida pasa el Nazareno, del convento Franciscano:

**Melilla sale a la calle. Esta noche no duerme Melilla. ¿Por qué esta Melilla despierta, cuando pasa el Nazareno? Esta Melilla en silencio. El alma humana se recoge. Quien a Cristo recibe, a Dios acoge. Mientras pasa el Nazareno…**

Le veremos pasar con mano extendida: con ella acaricia y bendice al pueblo de Melilla. Donación, entrega y sufrimiento sereno. Lo mas contrario a la venta mezquina del Judas traicionero. Le acompaña Maria en sus Dolores y en sus penas. Ella nos conmueve y enternece con su cara de dulzura. ¿Saldrá con ruedas? Quien sabe si lo permita Melilla.

EL TRIDUO PASCUAL

JUEVES SANTO: La Hora de Jesús, Cautivo, Rocío, Flagelación, Mayor Dolor y Cristo de la Paz

El Jueves Santo es el día de la hora de Jesús, el día de su entrega (9). Era la hora para la cual había venido, la hora de darse a los discípulos, a la humanidad y a la Iglesia. Aquí comienza, por decirlo así, la pasión. La hora de Jesús equivale a la fase final de su vida. Es el momento fijado por el Padre para glorificar a su Hijo por sus obras y por la cruz. El relato de la última cena, lo conocemos más o menos, prescindo de su lectura. En este entorno afectivo, con sabor a despedida, es donde Jesús instituye la Eucaristía, la ocasión sirve también para que sus palabras y gestos sean anticipo de lo que esta por venir en el momento culminante de la cruz.

Fue una conversación en clima de amistad y de confianza. Tratemos de fijarnos fundamentalmente en dos gestos de Jesús: el primero es la fracción del pan, por la cual instituye el Sacramento de la Eucaristía. El segundo el lavatorio de los pies a sus discípulos. Ambos constituyen el testamento y la herencia que nos ha legado. Ambos significan en el fondo lo mismo: que Jesús nos amo hasta el extremo, como se vería en el Calvario al día siguiente. Significan, también, que todos los que nos consideramos discípulos de Jesús debemos amarnos los unos a los otros, como él nos ha amado. Lo que Jesús hizo en la última Cena es para nosotros, los cristianos, un indicativo y un imperativo: la expresión del amor de Jesús a los hombres y el mandamiento de amarnos los unos a los otros. La señal de los cristianos, nuestro distintivo, ha de ser el amor.

La invitación de este día, es pues, a celebrar la Eucaristía entrando en la dinámica del amor, que se ofrece y sacrifica a si mismo para hacer vivir al otro. El lavatorio de los pies, tiene como finalidad, recordarnos que el mandamiento del Señor, debe llevarse a la práctica en el día a día: servirnos mutuamente con humildad. La caridad no puede ser un sentimiento vago, sino que ha de ser, la voluntad firme de sacrificarse a si mismo por los demás, sin cálculos ni titubeos. Jueves de Pasión en Melilla, antes de la Última Cena, en el barrio de la Victoria, sonarán con fuerza e insistencia, unos golpes en la puerta de la casa hermandad de Nuestro Padre Jesús Cautivo y Nuestra Señora del Rocío.

¿Quien es? responderá la voz del capataz de trono desde adentro. Tras la identificación, de quien llama en nombre del pueblo de Melilla, una petición enérgica, con voz emocionada: ¡Queremos que saquen al Cautivo! Acto seguido, procederán de igual manera con Nuestra Señora. Fíjate en los rostros de la gente de la calle. Cuanta emoción contenida. En silencio se recitan oraciones y de deja ver alguna lagrima. Una mujer mayor, de piel morena, suspira hondo y dice: ¡Padre mío! Se colocan tras la imagen un gran número de penitentes. Gregorio Castillo Galiano, Gestor Delegado de esta hermandad, acompañado por la junta de gobierno, dará la orden de salida para comenzar el cortejo. Animo a esta hermandad a seguir fieles y entregados a su tarea. A pesar de las dificultades.

Tres de los momentos más intensos de estos pasos: En el centro asistencial cuando entra el cautivo y es recibido por sus residentes: Admiración, silencio, lágrimas y rezos. En la Avenida, liberando al preso. Una pregunta queda en el ambiente: ¿Quién será este preso? No se sabe. Alguien a quien el Divino Cautivo ha tocado en su suerte y en lo más hondo de su alma. ¡Nunca olvides Hombre Libre, por quien fuiste Liberado! El encuentro del Cautivo con su Madre frente al Sagrado Corazón de Jesús: hombres de trono, emocionados por la intensidad del momento, acercan las imágenes con profundo respeto. Las situaran frente a frente. Ambas casi se funden en un abrazo.

Al atardecer, oscureciendo el día, con la puesta del sol, sale el Flagelado. A su lado, Nuestra Señora del Mayor Dolor de piel rosada y cara de pena. Nuevamente Cristo maltratado, solo, despreciado y humillado. Le acompaña su madre. Ahora Madre Dolorosa. En la noche, atravesando el Parque Hernández, el silencio lo dice todo, es impresionante, sobrecogedor… Emociona. Escuchad los pasos de estos nobles costaleros. La voz ronca del capataz de trono: silencio, despacio, muchachos silencio… Jesús Flagelado y Maria en su pena, iluminados por la tenue luz de unas velas. Silencio, despacio, muchachos silencio, pasa el Flagelado.

Buen Pastor, manso Cordero. Cristo de manos atadas. Frente y espaldas ensangrentadas. Viéndote, no me cuesta decir te quiero.

Cerca, viene Maria, Señora del Mayor Dolor. Su presencia aumenta tu pena. Verla, sufrir contigo, acrecienta tu condena. Evitarle, el fatal drama, hubiera querido tu amor.

Ya, quisiera Melilla, poder trasformar tu suerte. En un acto solidario, liberar al Flagelado. Por su pasión y su cruz la Vida se nos ha dado. Nada, el hombre seria, cuando llegase su muerte.

En la noche, anticipándose al Viernes Santo, del Sagrado Corazón, sale el Cristo de la paz. Imponente imagen esta de Cristo clavado en la cruz. De autor anónimo. Impresiona su tamaño. De gran realismo anatómico en su talla. En su rostro, dolor, dulzura y serenidad. La Cruz esta realizada con un poste antiguo de los de la luz. Cristo de la paz y Cristo de la luz. Francisco Javier Calderón Carrillo, es el Hermano Mayor de esta cofradía. Nunca mejor dicho, de ello ejerce con entrega. Le he visto en más de una ocasión preocupado y atento a las necesidades de sus hermanos cofrades. Mención especial a Don José Guerrero Gil, ejemplo de cofrades. Vive su fe con gran amor a su Cofradía y a su Parroquia, siempre dispuesto y comprometido en las tareas pastorales.

Otro hermano especialmente querido es Ángel Morán Jiménez, que atraviesa momentos difíciles a causa de la enfermedad. Pedimos por su salud, desde este atril pregonero, a su Cristo de la Paz:

Cristo de la Paz y de la Cruz. Que por amor soportas los sufrimientos. Dale paz y sosiego, en difíciles momentos. En la tiniebla, se Tú, Señor su Luz.

Dale tu mano firme y segura. Se Tú, de sus noches consuelo. En alma y cuerpo, confórtalo desde el cielo. Recibe su oración, Señor, limpia y pura.

VIERNES SANTO: Todo se ha cumplido, Socorro, Piedad, Cristo Yacente y Soledades

Llego el final de la vida terrena: “Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu. Y dicho esto, inclinó la cabeza y expiró. Los soldados de Pilato le dieron por muerto y no le quebraron las piernas como a los otros dos crucificados. Con todo, uno de los guardianes, para cerciorarse de su muerte, empuñó la lanza y taladró con ella el costado del que manó luego sangre y agua”. Agua del Bautismo y Sangre de la Eucaristía: nacimiento místico de la Iglesia, del costado de Cristo muerto. Fue aquella la hora de la más densa oscuridad. En pleno mediodía, nada podía verse. Es el eclipse total de la razón.

Son los esquemas humanos, nuestras ideas puestas por encima de Dios. Es la Luz y la Vida engullidas por la oscuridad. Y en el instante de más impenetrable oscuridad brota la chispa inesperada. Cuando el alarido atroz del condenado se apaga en un silencio de muerte, he aquí que es nuevamente desgarrado por una voz: "Verdaderamente este hombre era Hijo de Dios". Por fin alguien ha arrancado de las tinieblas la silueta auténtica de Cristo.

La cruz permanece todavía, izada en la cima del Calvario, la cruz del escarnio y la victoria. Reconstruyamos en nuestro interior su estampa más sublime: abiertos los brazos e inclinada la frente, un gesto de acogida sobre el mundo. Amoroso el semblante en expresión sagrada y silenciosa. Noche de luto en Melilla, marcando el paso de los costaleros cartageneros, sale Maria Santísima de la Piedad. Imagen emotiva de Cristo en el regazo de su Madre. De gran devoción en Melilla. Grande es el recogimiento que mantienen en su itinerario los hermanos y penitentes de este paso. Silencio, viene el Cristo del Socorro, adornado de buganvillas, Cristo yacente y Maria Santísima de los Dolores en su Soledad. Son imágenes de la cofradía del pueblo. Siempre austera y franciscana. Es la procesión oficial de Melilla. Al Cristo Yacente saludamos con estas palabras:

Se acerca el Cristo yacente. Silencioso, inerte y austero. Lo traen por la Avenida. Parece querer escuchar las voces de su Ciudad, diciéndole: ¡Jesús mío, cuanto te quiero!

Dolor de la noche Rifeña, profundo y oscurecido. Lirios, claveles y buganvilla, dibuja la noche moruna. El aire esculpe una cuna, en ella se acerca dormido, el Cristo muerto de Melilla.

A su paso por la Avenida, contemplando la Piedad y el Socorro, del corazón y de los labios de los fieles, en forma de oración, percibo estas palabras:

**Costaleros, bajadlo de esa Cruz, poquito a poco. De sus manos sacad los clavos; despacio, despacio... Enjugad su rostro sangrante. Limpiad sus heridas, de espinas y latigazos. Costaleros, bajadlo de la Cruz, poquito a poco; despacio, despacio… Llevadlo a la Piedad, que parezca dormido en sus brazos.**

Rondan las 11.00 de la noche. En el interior del Sagrado Corazón, a puerta cerrada, los hermanos y costaleros de la Soledad, oran en silencio. De repente unos aldabonazos enérgicos y decididos: Una voz grita en medio de la noche. ¡Queremos que salga la Soledad! Todo es riguroso luto, silencio y orden. Luces apagadas. Sale la Señora de Melilla. Muchos penitentes la acompañan. Bajo el trono, costaleros, pensamientos, lagrimas y una caja de promesas e ilusiones. En su itinerario destacar el callejón de la Soledad, el Gólgota de Maria en Melilla. Desagravio, por su soledad y pena, en la Avenida. Si guardas silencio interior, desde otra vida, seguirás escuchando en Melilla la voz de Don Ayu Lalchandani. Su saeta era el modo de expresar su respeto por la Gran Señora. Esta noche pongo voz a este buen hombre y dirijo a la Soledad las que podrían ser sus palabras:

**Soledad. De mas hondura, que su mar es tu dolor. Hondo, en Viernes Santo, el pozo de tu herida. Grande y profunda es tu pena dolorida. Más pacifica y serena que el alma de Melilla.**

SÁBADO SANTO: Santa Maria de la Clara Esperanza

El sábado santo la Iglesia permanece junto al sepulcro del Señor, meditando su pasión y muerte. No debemos dar paso a una alegría anticipada, porque Cristo aun no ha resucitado. Es un día de serena expectación, de preparación orante para la resurrección. Permanece todavía el dolor, aunque no tenga la misma intensidad del día anterior. Un gran silencio envuelve la tierra; un gran silencio y una gran soledad.

Un gran silencio porque el Rey duerme. La tierra está temerosa y sobrecogida, porque Dios se ha dormido en la carne. El primer sábado Santo todo parecía perdido. Los discípulos, pequeño grupo de hombres temerosos, habían huido en desbandada, rotas sus esperanzas. Solamente Santa María conservó la fe y quedó con clara esperanza a la espera de la resurrección de su Hijo. Una nota de serenidad, incluso de gozosa expectación, impregna el rostro de Maria. Cristo ha muerto, pero su muerte es como un sueño del que despertará en la mañana de pascua. Bien podríamos cantar así esta actitud esperanzada de Maria en sábado Santo:

Sábado oscuro y sin esperanza en todos los amigos que le amaran. Sólo María fue "Clara esperanza".

A su Madre dejó Jesús como fianza de cuanto Sus palabras proclamaron. Ya algunos Profetas lo anunciaron. ¡Y Ella esperó con toda confianza!

¿Porqué María estás, hoy, tan serena si ayer tanto llorabas dolorida? ¿Por qué de tanta paz pareces llena?

¿Qué puedes ya esperar en esta vida si la marea de dolor es plena? Y María... callaba cual dormida.

DOMINGO DE RESURRECCIÓN: María Magdalena, Resucitado y Maria Santísima del Rocío

Acudamos en este día a María Magdalena. Testigo directo del hecho de la resurrección de Cristo. Le Preguntamos partiendo de una vieja secuencia de pascua: ¿Qué has visto de camino, María, en la mañana? Se sienta al borde del pozo. Pausadamente, sin perder la sonrisa e interrumpida por alguna lágrima que recorre su rostro, comienza a hablarnos de su experiencia de Cristo: “al amanecer del tercer día se abrió la tumba de par en par, y el que había muerto, Resucitó. La muerte no pudo tragarlo, y la tumba quedó vacía. Nadie jamás me había hablado, tan de verdad, y con tanto cariño al corazón, como lo hacia el maestro. Aquella mañana de pascua no le reconocí. Confusa lloraba. Él se acerco a mí; yo le miraba. Hubo un largo silencio, hasta que, como el sabia hacerlo me llamo por mi nombre. No lo dude: Era Jesús. Él ha resucitado y también os llama por vuestro nombre. El Amor es más fuerte que el pecado y la Vida más fuerte que la muerte”.

Maria sigue hablando: “Jesús os mira con ojos limpios; espera de vosotros lo mejor; el sabe descubrir el pozo de bondad que lleváis dentro, y que a veces oscurece vuestras miserias y pecados. El Resucitado puede expulsar de vosotros todos los demonios que esclavizan vuestro corazón; Él puede cambiar vuestro corazón de piedra por uno de carne”. Maria Magdalena sigue sonriendo con cariño y musita estas palabras a modo de conclusión: “¡Resucitó de veras mi amor y mi esperanza!”. Así podríamos cantar la Resurrección en Melilla:

Al fin, Señor, la tiniebla has disipado. Que cielo y tierra se estremezcan. A todos alcance la Vida del Resucitado. Que los rostros tristes resplandezcan.

Todos vistamos un vestido blanco, perfumado. La sombra ha sido iluminada. La gracia abunda donde habito el pecado. Por fin la serpiente derrotada.

La Madre del Roció de pena no sucumba. Suya es la victoria: Él ha ganado. El sol ha nacido dentro de la tumba. Cristo, del abismo ha sido rescatado.

Hombres y mujeres de Melilla: salid a la calle y gritad la bendita suerte. Del corazón de Maria, Dios arranco la astilla. Del Padre, el amor, pudo más que la muerte.

En la mañana de Pascua, Santa Maria del Rocío y el Resucitado de la Agrupación de Hermandades y Cofradías, pasean por las calles. El fin es encontrarse ambos en la Plaza España. Impresiona verles llegar a hombros de los costaleros. Decía Santa Teresa: “Díjome que en Resucitando, había visto a nuestra Señora” (10). Los Evangelios no lo recogen, pero tampoco es pecado pensarlo. ¿Por qué no? Era lógico que después de su gran pena, fuese para ella el primer consuelo. Los cofrades de Melilla, reproducen con emoción tan bella escena: en la Plaza de España Jesús encuentra a su Madre. Costaleros todos a una, acercan ambos varales y las imágenes se funden en un gozoso y tierno abrazo. Así describo este encuentro:

Con paso sereno y firme se acerca el Resucitado. De la Hermandad del Rocío viene su Santa Madre. En la Plaza de España parece portarla el aire. Solo ver a su Hijo, el gozo la ha inundado. Así empieza en Melilla la Pascua Florida Cristiana. Encuentro de Madre e Hijo: Domingo de Resurrección, al terminar, la mañana.

Terminado este emotivo encuentro, ambas cofradías retornaran a su sede canónica. A Santa Maria del Rocío le queda una visita entrañable: el Hospital Comarcal. El domingo por la tarde, cuando faltan pocas horas para que anochezca el día, al hospital de Melilla llega la Señora del Rocío. A la puerta se agolpa el personal, las visitas y los enfermos. El ambiente es de emoción y gozo por tan esperado encuentro. La gente reza, suplica y deja sin miedo correr sus lágrimas. Piden por el padre, la esposa, el hijo… Traen un recién nacido: ¡Padre, páselo por su manto!, implora una señora angustiada. Santa Maria del Rocío por unos momentos se trasforma en Madre de la Salud. Gran final para este Domingo de Pascua: La virgen del Rocío repartiendo a manos llenas la Salud y la Vida de su Hijo recién Resucitado. Un enfermo desde su cama de hospital se dirige así a Maria:

Me vienes a ver al hospital, Señora. Desde mi cama, ruego, por mi carne enferma. Si es de Dios, a mi cuerpo dale, la salud que añora. En tus manos me pongo, cuando mi vida merma.

Lágrimas, angustia, son mi pan virginal Maria. En vela paso mis noches, así me encuentra, el amanecer del día. La oscuridad me invade, si tú no eres mi faro. Mi dolor intenso, pongo bajo tu amparo.

Mi oración recibe, a tus pies postrado. Verte mis ojos, con salud quisiera. Besar tu manto, Madre Rociera. La bendición suplico, de tu Hijo amado.

EXHORTACIÓN

Melillenses, en estos días Santos salgamos a nuestras calles. Participemos una vez más en los desfiles procesionales de la Semana Santa, donde podremos contemplar las imágenes, que la devoción y el cariño de nuestros cofrades se ha encargado de adquirir y cuidar. Las procesiones son una invitación a la contemplación de unas imágenes, a través de las cuales habla el Misterio que representan: un Dios hecho hombre, sufriendo con el sufrimiento humano para darle salvación y esperanza. Pero hay que saber mirar sin quedarse en la superficie. Hay que llegar hasta donde la imagen nos acerca a la persona de Cristo y nos pone en contacto con su vida, con su palabra, con sus gestos, con sus sentimientos; porque toda imagen es, en definitiva, una llamada a la fe y a la interioridad.

No hay mejor modo de mirar una imagen que en actitud de oración; sólo así ésta nos llevará al corazón que late dentro de ella. Esta mirada sólo será posible, si la hacemos también allí donde el misterio se hace un acontecimiento en el que los cristianos estamos llamados a participar: las celebraciones litúrgicas de la Iglesia. Por ello, un llamamiento especial a nuestros hermanos cofrades, a que no dejen de participar, en la medida de lo posible, en los Santos Oficios que se celebran en nuestras Parroquias.

PREGON FINAL

Gentes de Melilla han Llegado los días más Sagrados. La puerta del tesoro ya está abierta. Abierto está el Costado. Fuente inagotable de la gracia.

Escuchad la intensidad de unos latidos. Amor apasionado y sin medida. Amor de Cristo, siervo de Dios y de los hombres.

Divina melodía escucharemos. El canto más hermoso, en esta tierras de Melilla. Acordes inspirados. Celeste amor, derramado en el madero.

El Padre nos invita a su banquete. Sentaos a la mesa Eucarística. Comamos a Dios en pan y vino. Dejemos su sangre circular por nuestras venas.

Estas son las fiestas del Cordero. El carga con los pesos y pecados. Vengan cuantos quieran liberarse.

Pagará con su sangre degollado. Curará nuestras llagas con las suyas. Vencerá con la suya nuestras muertes.

Venid, celebremos la gran Pascua. Es la fiesta triunfal de los cristianos. La victoria de la vida sobre la muerte y el pecado.

Hombres y mujeres de Melilla. Vivamos Santamente esta Semana. Sigamos de cerca a Jesucristo. El Redentor que vive entre nosotros.

Venid Melillenses y cofrades. Sigamos sus huellas redentoras, por los caminos de la vida.

Si en nuestra andadura, miramos hacia el cielo, halláremos el auxilio de su gracia. (11)

**HE DICHO MUCHAS GRACIAS**

1.”De Passione Domini). S. Bernardo, Sermones litúrgicos, en el miércoles Santo. 2. (Is 52,7). 3. (Ezequiel 47,1-9.12). 4. (Jn. 19, 25-27). 5. (Jn. 10,17-18). 6. (Jn. 15, 13). 7. (Juan 12, 1-11). 8. (Éxodo 21,32). 9. (Jn. 13,1). 10. (Cuentas de conciencia, 13ª.12) 11. (Para esta composición del “Pregón Final” he tomado como base el libro de caritas: Cuaresma y Pascua, 2003).