Local · Semana Santa
Noche del Miércoles Santo, fe cristiana
El Nazareno y la Virgen de las Lágrimas echan un pulso al viento y ganan la batalla impresionando a los melillenses
Abre cortejo de dolor la escuadra de gala de la Policía Local y escolta al Nazareno una escuadra de gastadores del Tercio Gran Capitán Primero de la Legión. De la Virgen de las Lágrimas se encarga Artillería.
Publicada en InfoMelilla el 5 de abril de 2007
Miércoles Santo. Dios, en su Hijo, empieza a morir porque los acontecimientos trágicos se multiplican. Quedan 48 horas para que Cristo sea izado a la Cruz de los Dolores, a la antesala del fin de los hechos. Espera el Pregón de las Siete Palabras.
Ha sido difícil salir de la Plaza de Toros. Con la procesión del Nazareno y la Virgen de las Lágrimas preparada, arrecia el viento y pone en peligro el desfile mientras cientos de melillenses tiemblan de frío y emoción en la Plaza de Velázquez.
Hay que pensarlo bien porque son imágenes costosas, hacen efecto vela. A la Virgen se le quita el palio para ofrecer menos resistencia al eolo pero no se sabe si habrá o no procesión de Miércoles Santo.
Se nos muere el Hijo de Dios, Virgencita de las Lágrimas. Jesús Nazareno y María Santísima de los Dolores bajan de Melilla la Vieja para saludar a los melillenses, dos talles hermosas, lágrimas de pasión de madre sola viendo cómo el Hijo camina con la Cruz de la humanidad a cuestas.
Ya todo está dicho. El pueblo quiere circo, siempre lo ha querido, quiere acontecimiento y qué mejor que pasear a un reo camino de su muerte, que levante expectación, sadismo y amargura. Perfecta mezcla de sensaciones que complace a los espíritus más ávidos de contrastes.
Zapata, Nogales, Verdugo y sus compañeros celebran cónclave, consultan con los hombres de trono y los capataces de hilera: se sale. Jesús Nazareno evoluciona desde las entrañas de la Mezquita del Toreo. Su Madre -qué lástima- sobre ruedas por falta de hombros le espera en la puerta. Suena, esplendoroso, el Himno Nacional.
El Hijo de Dios no tiene opción alguna. El fin de sus días está escrito y certificado por el sello anular de un abochornado Poncio Pilatos que ha descargado responsabilidades en el clamor de un pueblo confuso que no acaba de entender cómo al libertador le dan mala muerte.
Abre cortejo de dolor la escuadra de gala de la Policía Local y escolta al Nazareno una escuadra de gastadores del Tercio Gran Capitán Primero de la Legión. De la Virgen de las Lágrimas se encarga Artillería. Puede con el viento la cuidada melodía sacra de la Banda de Música Ciudad de Melilla.
Los alumnos del Cuerpo Nacional de Policía que hacen prácticas en la Jefatura Superior de Melilla han desfilado con seriedad y compromiso. Los nazarenos más pequeños de la Cofradía del Pueblo tuvieron sus horas de gloria, como el nieto de Castañeda o la simpática Rocío Alfaya.
Jesús camina hacia el Gólgota, su Madre, regada en lágrimas, le sigue muy de cerca. Van junto a Ella, aunque la Cofradía del Pueblo no lo escenifique, Juan, el apóstol más querido, y María Magdalena, la compañera de siempre.
No van muchos melillenses a la procesión. La Avenida era un páramo minutos antes del paso de Jesús Nazareno porque el éxodo de la Semana Santa es un hecho y porque las condiciones climatológicas desaconsejaban una salida pero quienes fueron enaltecieron su fe con la seriedad de un desfile de Pasión serio, bien coordinado y valiente.
Quienes enaltecieron la llegada a Jerusalem de Jesús de Nazaret a lomos de la borrica son los mismos que hoy aplauden insensatos el sendero de Pasión y Muerte de un hombre semimuerto. Cristo sabe que es el último sendero, cuesta arriba, la senda de la destrucción del ser humano y del inicio de la era de la esperanza.