Local · Semana Santa

Una mujer casada y madre de tres hijos es la presa liberada

Una tromba de agua desbarata el Jueves Santo pero Jesús Cautivo de Medinaceli desafía con éxito a la adversidad

El Flagelado y el Cristo de la Paz tienen que volver a sus templos. Gregorio Castillo se encuentra con una Junta de Gobierno que no está dispuesta a volver al Barrio de la Victoria y se empapan de amor a Dios.

Publicada en InfoMelilla el 6 de abril de 2007

Salvador Ramírez

Jueves Santo. Melilla estalla en tradiciones populares, la religión popular se vuelca en las calles de un más hermoso que nunca Triángulo de Oro. Cristo está a punto de fallecer y hay en las calles del centro una dulce mezcolanza de amor, dolor y esperanza que enaltece la belleza natural de la Rusadir fenicia, la acogedora del Cristo de la Veracruz, la española villa que asentó sus raíces españolas un 17 de septiembre en la rada de Galápagos, con viento de levante, y don Pedro de Estopiñán al frente de aventureras naos que, desde Sanlúcar hicieron más país, el mejor país.

Las caras lo dicen todo
Las caras lo dicen todo

Pero este Jueves Santo 2007 ha estado bañado en lluvia y muchas ilusiones se han visto frustradas por la desgracia meteorológica. El parte de incidencias no puede ser más desolador. El Cristo de la Paz tuvo que volver al templo pocos minutos después de escuchar el Himno Nacional, una tromba de agua acabó con la procesión del Sagrado Corazón y las lágrimas se mezclaron con el agua de las nubes.

Salieron el Flagelado y María Santísima del Mayor Dolor. Lo hicieron desde la Medalla Milagrosa, antes Ave María, todo bien cuidado por Juan Antonio Ramos. La lluvia pilló al cortejo de Pasión a media cuesta de Cabrerizas, hubo tiempo para volver al templo.

Es la segunda adversidad de la Cofradía de Batería Jota. La Pollinica no pudo salir el Domingo de Ramos y el Flagelado no puede saludar a los melillenses en Jueves Santo, todo el trabajo de un año queda en buenas intenciones pero no se materializa en las calles del centro.

Jesús Cautivo y su Madre, María Santísima del Rocío descienden desde la Victoria y la Libertad y aguantan el riesgo de verse lejos de su templo pero los hombres y mujeres de Gregorio Castillo no se plantean otra posibilidad que no sea la de procesionar.

Visitan la Gota de Leche y descansan junto a la Plaza de Toros. A esa hora de la tarde, las 20.00, el riesgo de lluvia comienza a convertirse en una realizan. Está lloviendo. Gregorio convoca a capataces y Junta de Gobierno para tomar decisiones porque existe la posibilidad de guarecerse en las galerías del coso taurino.

Hay poco que discutir: adelante. Hubo quien opinó que la decisión fue temeraria, también hubo quien calificó que asistimos a todo un acto de amor a Dios por parte de las gentes del Cautivo. La tromba les pilló cuando abandonaban la avenida de la Democracia y embocaban la Avenida del Rey, se empaparon pero aguantaron estoicos. Había que liberar a un preso.

Gracias a la Cofradía, a Instituciones Penitenciarias y al Voluntariado Cristiano de Prisiones, una mujer, casada y con tres hijos, que cumplía condena por un delito contra la salud publica, ha visto adelantado su tercer grado penitenciario y ha procesionado junto al Cautivo, ya es más libre, gracias también a un trabajo de ingeniería jurídica que tiene autor y firma: el juez Juan Rafael Benítez Yébenes. ¡Qué magistrado!.

El Hijo de Dios está redimiendo males ajenos, los cortes de su piel exhalando sangre son símbolos de redención, Él sufre pero lo hace consciente de que está escribiendo una página indeleble en la historia de la humanidad. Cae una y mil veces, pero levanta almas que clamarán en el futuro por un molde social más equilibrado, más justo.

Jesús está a punto de clamar la liberación de un cáliz de amor que le ha conducido a la muerte más conmemorada de todos los tiempos. Sólo quedan horas, pocas, para que Cristo expire, los lazos de amor de la familia cristiana se fortalecen porque, en definitiva, los cristianos se pueden acreditar como tal gracias a que un hombre bueno se prestó a morir por todos. Hermosa lección al mundo, gesto inmarchitable de amor al ser humano, piedra angular de toda una cultura.