Reportaje

El mejor amigo del hombre le salva la vida olfateando su corazón

Intervención, Ayuda y Emergencia, solidaridad profesional

Publicada en MeliYa el 9 de marzo de 2006

Salvador Ramírez

El Grupo Especial de Localización y Rescate de Intervención, Ayuda y Emergencias (IAE) está formado por voluntarios que se encuentran permanentemente en disposición de acudir en auxilio de las víctimas de catástrofes naturales en cualquier parte del mundo.

Y en Melilla, gracias a la iniciativa personal de Pedro García, bombero y hombre especialmente sensibilizado en el salvamento de vidas humanas, existe la institución. Está naciendo, pero nace con tanta fuerza y tanta profesionalidad que la llegada de voluntarios está garantizada.

El perro no sólo es el mejor amigo del hombre sino que le salva la vida cuando puede...y cuando está debidamente adiestrado. De eso se trata, de crear un equipo de rescate cuyo trabajo tiene un pilar fundamental en el husmeo del perro y, por supuesto, la profesionalidad de los seres humanos a la hora de trabajar en situaciones de catástrofe.

Este grupo está formado por especialistas en localización de victimas mediante equipos caninos y medios electrónicos, especialistas en salvamento y desescombro, personal sanitario y logístico.

Las intervenciones de IAE vienen como consecuencia de terremotos e inundaciones principalmente, en aquellos países que dada la magnitud de la catástrofe no pueden hacer frente y necesitan de ayuda internacional urgente.

Esto no es una crónica de referencias sino el relato de un simulacro mucho más que verosímil de lo que el equipo de Pedro García y sus canes pueden conseguir. La cita es en la zona de derrumbe del antiguo Hospital de la Cruz Roja.

A primera hora de la mañana, los veinte voluntarios, aunque profesionales, han coordinado las acciones, han fijado la línea de actuación y a las 11.00 cada cual conoce perfectamente su cometido en la labor a desarrollar: hay una víctima enterrada en escombros que los perros tienen que localizar para iniciar el rescate, rescate que ha de verificarse con todas las garantías sanitarias para mantener con vida al ser humano que, en ese momento, se debate entre la vida y la muerte con un peso de escombros que le inmoviliza.

Turco, Duna y Tina son los tres mejores amigos del hombre que van a tomar parte en la operación de salvamento. Los dos primeros tienen ocho meses de edad -empiezan a ser plenamente operativos al año, pero éstos saben latín- y Tina procede de una perrera, estaba descartada pero es toda una profesional.

García, coordinador de la misión, ordena calentar a los perros. Calentar es estimular sin maltrato alguno o cosa que se le parezca. Se les llama por su nombre, se juega con ellos, se consigue, en definitiva, que el can esté en perfecto estado de estimulación y “quiera seguir jugando”.

Intervención, Ayuda y Emergencia acota una zona en la que el voluntario ya ha sido soterrado con todas las medidas de seguridad que garantizan su integridad física. Van a rescatarlo pero lo van a hacer después de que Turco, Duna y Tina le localicen uno a uno, para mejor demostración de su grado de adiestramiento.

Comienza Tina. Los voluntarios están inmóviles para no interferir en la búsqueda del can. Tina se mueve en una circunferencia de 20 metros de radio y no deja nada sin revisar. Llega a la zona de soterramiento y no tiene la menor duda: ¡allí hay una persona con vida!. Ladra contenta, mueve el rabo y llama la atención de sus amigos los voluntarios.

Despejada la zona, Turco entra en acción. Es más meticuloso que Tina, no en vano recibe las lecciones de Pedro desde que tenía dos meses. Pero llega al túmulo de soterramiento y, lo mismo, la alegría y la urgencia por avisar al equipo de rescate se funden en una explosión de vitalidad. Turco también ha cumplido con creces.

Cierra el simulacro Duna. Tiene más dificultades porque sus compañeros han orinado -los perros trabajan en total estado de excitación- y le pueden despistar, puede perder interés en la tarea pero, ni por esas. Duna se acerca y se retira una y otra vez de la localización de Rayo -el voluntario soterrado- hasta que se decide y marca el lugar.

Pedro García da orden de proceder al desescombro y al rescate de Rayo. Se hace con todas las alarmas de seguridad encendidas. Un cascote mal retirado o un túmulo de escombros inseguro pueden echar por tierra el perfecto trabajo de los perros detectores de vida.

Un equipo médico sanitario acompaña a los voluntarios y Rayo vuelve a la superficie intercalando entre su cuerpo y el firma una camilla anatómica que finalmente será fijada con cuerdas para inmovilizar a la víctima que, además, lleva collarín, suero y respiración asistida.

El simulacro -hora y media de duración- ha sido un éxito. Los tres perros de Intervención, Ayuda y Emergencia de Melilla han cumplido los objetivos de la operación y reciben su premio, más juego y muestras de cariño por parte de sus amigos los hombres. Ahora les toca a ellos disfrutar.

Lo que supone para Melilla un lujo de unidad de intervención en catástrofes no tiene, sin embargo, respaldo oficial hasta la fecha. Las autoridades saben que existen pero el interés por potenciar sus medios humanos, animales y técnicos habrá de constatarse en un futuro.

En otras comunidades, las autoridades locales firman convenios de colaboración con IAE de manera que las situaciones de emergencia y catástrofe son atendidas de inmediato y no sólo las de la localidad sino que, gracias a los grupos como el de Pedro García, cualquier comunidad puede enviar el equipo a países víctima de catástrofes naturales en calidad de ayuda internacional para detectar y salvar vidas humanas.

Ultima intervención internacional: Maremoto en Sri Lanka, donde trabajaron especialistas en localización y rescate para colaborar en tareas propias y de logística. Estando el grupo preparado para viajar hacia Sri Lanka el mismo día 26 de diciembre transcurridas 8 horas de la catástrofe.

Posteriormente en proyectos de post-emergencia se ha construido un colegio, reconstruido un orfanato y dotado de bienes y equipos a los refugiados de la ciudad de Galle en Sri Lanka.

Aquí, en MeliYa.com, queda el relato de una experiencia de categoría. Es un servicio necesario en cualquier sociedad desarrollada para sí misma y para demostrar que, hasta en cuestiones de solidaridad, hay que ser profesional. Como se diría en televisión, “paso palabra”.